DEL POTENCIAL ENERGÉTICO AL DESARROLLO EMPRESARIAL DE LA GUAJIRA
Por: Álvaro Romero Guerrero
Presidente Ejecutivo -Cámara de Comercio de La Guajira
Cada vez que se habla de La Guajira en los escenarios nacionales e internacionales, aparecen las mismas palabras: pobreza, crisis, desigualdad, abandono. Y aunque esas realidades existen, reducir este territorio únicamente a sus dificultades es desconocer su verdadera dimensión y, sobre todo, su enorme capacidad de transformación y conexión con oportunidades globales.
La Guajira no es un departamento sin oportunidades. Es un territorio estratégico para Colombia y América Latina, al que históricamente le ha costado convertir sus riquezas y ventajas competitivas en bienestar para su gente.
Desde la Cámara de Comercio de La Guajira, a través de los estudios económicos que realiza de manera permanente, hemos identificado una contradicción que no podemos seguir normalizando: mientras el departamento produce riqueza y despierta interés nacional e internacional por su potencial energético, turístico y cultural, una parte importante de su población sigue esperando oportunidades reales. El problema no es la falta de potencial, sino la ausencia de un modelo de desarrollo que conecte ese potencial con la vida de las personas y con las dinámicas económicas del mundo.
Aquí existen empresarios que todos los días levantan sus negocios en medio de enormes desafíos. Mujeres emprendedoras que sostienen a sus familias desde la economía popular. Jóvenes con talento, con ideas, con ganas de construir futuro, pero que muchas veces no encuentran las condiciones para hacerlo en su propio territorio. Comunidades que quieren participar del desarrollo y no seguir viéndolo desde la distancia.
La Guajira tiene ventajas que pocos territorios en Colombia reúnen: ubicación estratégica sobre el Caribe, potencial turístico de talla mundial, riqueza cultural única, capacidades para el desarrollo agroindustrial y una posición clave para liderar la transición energética del país. Pero, además, tiene la posibilidad de proyectar sus productos, servicios y capacidades hacia mercados internacionales, aprovechando las nuevas dinámicas globales que hoy demandan sostenibilidad, energías limpias, turismo experiencial y productos con identidad territorial.
Sin embargo, esas fortalezas aún no se reflejan en un tejido empresarial sólido ni en una economía diversificada, competitiva y con capacidad de internacionalización.
Durante años, gran parte del desarrollo del departamento ha estado ligado a la economía extractiva. Es importante reconocer su aporte en empleo, regalías e inversión. Pero también es evidente que este modelo, por sí solo, no ha sido suficiente para cerrar las brechas estructurales.
Hoy el desafío es más complejo y urgente: lograr que esa riqueza se traduzca en oportunidades concretas, en empresas más fuertes, en empleo digno, en productividad y en la posibilidad de que nuestros empresarios puedan competir a nivel nacional y en escenarios internacionales.
Los estudios que hemos desarrollado muestran con claridad los cuellos de botella: miles de pequeñas unidades productivas operando en la informalidad, empresarios enfrentando altos costos logísticos, limitaciones en conectividad, barreras para acceder a financiamiento y rezagos en adopción tecnológica. Son obstáculos reales que frenan el crecimiento y limitan la capacidad de aprovechar oportunidades globales.
En este escenario, la transición energética representa una oportunidad histórica. El potencial eólico y solar de La Guajira puede posicionar al departamento como un actor estratégico en Colombia y América Latina. Pero este proceso debe construirse con una visión territorial: garantizando participación local, fortaleciendo proveedores y generando capacidades que permanezcan en el territorio. Es un modelo desconectado de las necesidades de La Guajira.
También es fundamental fortalecer a las micro y pequeñas empresas, que representan la base del tejido productivo. La formalización no puede limitarse a exigir; debe significar acompañar, financiar, capacitar y generar condiciones reales de crecimiento. Hoy más que nunca debemos apostarle a la empresa privada, a su capacidad de innovar, mejorar sus productos, incorporar tecnología y avanzar hacia procesos de internacionalización que permitan conectar a La Guajira con nuevos mercados y oportunidades.
Pero, sobre todo, es necesario cambiar la mirada. Invertir en La Guajira no es un acto de solidaridad; es una decisión estratégica para el futuro económico, energético y competitivo del país.
La Guajira no quiere seguir siendo noticia únicamente por sus problemas. Quiere ser reconocida por su capacidad de crecer, de emprender, de producir, de exportar talento y oportunidades, y de aportar al desarrollo nacional e internacional.
Aquí hay una ciudadanía resiliente, empresarios que no se rinden y comunidades que siguen creyendo en el valor de esta tierra. El próximo presidente no puede olvidar a La Guajira.
Y los próximos gobiernos no pueden seguir administrando sus brechas: es momento de empezar, de verdad, a cerrarlas.